Por Amor (X): El Templo de Pasos
Me habita el futuro del recuerdo
iair menachem, Jerusalem, 5764

- "Evita que te rocen", dijo el grid que ocupaba el sitio del oráculo (el único que estaba listo para salir).
El bebé que dios miraba se dio vuelta; acunaba algo minúsculo entre sus dedos.

Paríamos lunas frente a las montañas del desierto; sí, yo me acuerdo. Porque, ¿cómo olvidar las estelas de unos bríos en el cielo de mi noche, el sabor amargo del tabaco hendiendo la desnudez del aire sin bruma, Dylan fijando el ritmo de un sueño cortazariano, to build the paradise as soon as yesterday dejando para mañana un castillo de memoria, y estábamos todos perdidos? No sabíamos aún cuándo de día era noche; no se nos había revelado el secreto gigante de la íntima celda diminuta, the hurricane will had been repetíamos con angustia divertida pero no sabíamos hacia dónde nos dirigían nuestros pasos, y la paciencia se licuaba en tormentas fastidiosas de rock'nroll desollando amaneceres, la vie comme ça malgré l'amour, y practicábamos un amor descosido, desasido de la templanza y del buen aire. No habían llegado el shabát y sus secretos a nosotros. No había por dónde tomarnos hasta que hubiéramos caminado lo suficiente, oscilado entre escuelas, coqueteado con la tiniebla: habíamos de dejar la piel en el último de los intentos antes de advertir que latíamos de verdad bajo la costra de vanidad. Y entonces habíamos convergido a habitar la memoria de la casa, a posar la mirada y el anhelo en aquel Valle de Aialón que nos cobró sólo la luz por darnos el día eterno. Habíamos mudado primero todos y habíamos comenzado luego a llegar despacito, a tropezar con los ladrillos y los tablones que ectoplasmaban siguiendo el dibujo de cada paso que pensábamos mirando el páramo memorioso. A veces, se nos cruzaban las miradas y amanecía una estancia absurda, con espacios impenetrables protegidos por las paredes gruesas de nuestra búsqueda obsesiva, y había que hacer un coro de gritos para tirarla abajo mientras estaba blandita, y consagrar luego el desparramo de escombros mientras arteramente le robábamos al desorden algún color. Y así nos hicimos habitables por la casa, que se constituyó en nosotros en la noche sin tiempo de Aialón, de la que sólo la más completa victoria podrá liberarnos. Y siguen llegando, por amor desmadejando tiempo, siguen llegando.

Con lo demás no pasaba nada: el verdadero problema eran los detalles.  Estaba esa red de rutinas compatibles que los unía y los prevenía del espanto y que, idénticas en equipo, se distinguían por los vacíos que ocupaban y las loas al amor que abrigaban.
- "Debemos consultar al viento", propuso el grid seguro.
El bebé que mira dios emitió un quejido. Nadie lo veía, pero se abrió en sus pupilas una mirada inteligente.


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