Por Amor (XV): El Templo de Pasos
No me mientas: tú sabías
iair menachem, Jerusalem, 5764

Nos poníamos todos de pie cuando alguien descubría, por ejemplo, que el tiempo es sólo acción y que ésta nace en la palabra; cuando alguien callaba de pronto y su rostro exhibía la felicidad más perpleja y entonces sabíamos que ya era uno más, que ya sabía que el tiempo se construía con palabras:  entonces, nos poníamos todos de pie. Y nos ensañábamos con las paredes desnudas, redactando sobre su piel rugosa los días por venir. Y entonces se hacía la noche y resplandecía nuestro día en los trazos de ese recinto que duraría lo que el aire de nuestros pulmones hasta que ya no pudiéramos hablar y calláramos por un instante para tomar aire y adoptar, al fin, aire meditativo otra vez. Pero nos chispeaban los ojos, oye, como en aquella fiesta de Tabaré; y respirábamos almíbares de rosa. Yo sabía que nos espiaban desde fuera, y creían ver lo que querían. Hubo un tiempo, sobre el final, en que incluso entraban a la casa y paseaban nuestros sueños sin pudor. Yo apretaba los dientes y les despreciaba: no sabían qué buscar y no veían nada, y no les sabría dulce nuestra miel. Que hubiéramos abierto las puertas de casa significaba que ya no podrían entrar. Sólo había acción en la cocina: burbujas, aromas cambiantes, objetos que se movían: todo lo necesario para que transcurriera un lapso de su tiempo y volvieran sobre sus pasos preguntando por nosotros. Y entonces, de pronto, alguien alzaba la mirada y sabíamos que sabía y queríamos celebrar, y llenábamos de garabatos nuevos las paredes musgosas y harapientas: veíamos rostros y sonrisas, máscaras de dolor hechas de barro, tinieblas atravesadas por rayos de fina luz. Y, a veces, se atrevía el nuevo que sabía y nos gritaba: "¡Hay que atreverse a un instante de silencio, a dejar una pared entera rosa té!". Y nos dábamos a la risa todos alerta: ya sabríamos, mañana,  un instante infinito.

- "Tiempo de enamorir que no pasa",
- "¿dices que no sucede?"
- "Cuando la prisa viste de verde y entrecierras los ojos para achicarte a los suyos, a los de ese afuera incomprensible y vertiginoso que no cesa,"
- "entonces la morada del oscuro dialoga con la pena que se hace pies de la zozobra, y los límites"
- "Sí, los límites ay, los límites se te pegan escaldándote la piel, y sólo el alma huye rauda cima lejos, a donde la vendimia del arroz de los abrazos, donde el grid de la montaña susurra desafíos a las ráfagas de cieno y de ocre vil, buscando que nos suelten"
- "Y entonces, sí, dispara el alma volteando el rostro al pavor normal del caos, y busca el desierto grid, el desierto que se viste de la pulpa noble de palabras que allá bajo se creían, aún se creen, olvidadas, ausentes de sí, cáscara muerta que bien vive y crea sin cesar,"
- "en la cocina del desierto grid"
- "con una pasión enlutada de añoranza que no cesa de mostrarse, mirando entre plegarias a la cumbre,"
- "no cesa de mostrarse y hacerse ver entre las ropas mundanas del barullo, idéntico a sí mismo y desigual".

Farfullaba el grid silente en un rincón, deseando una historia nueva. El bebé nacido de la mirada de dios resucitaba y la espesumbre del hastío se destejía de la madreselva, de la hiedra y el jazmín, y marchaba a sustituir al mundo grid en la condena. A hacer, como los grid solían, de piso flotante sobre la exhausta boca del pantano. Maderas y metales, atrapados en la forma de objetos viles, sonreían.

- "Habrá agua todavía?"
- "Habrá, para".

El grid pequeño gorjeó su vieja forma de reir:
- "¿Volverá el lenguaje del propósito, del que tanto y de tan lejos me has hablado?"
- "Volverá".

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